Villarín
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Publicado: Dom Jul 15, 2007 1:00 pm T�tulo del mensaje: Bibliografía: Leyendas de España, Círculo de Lectores, 1999 |
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LEYENDAS DE ESPAÑA
Como señala Carlos GARCÍA GUAL, en el prólogo del libro que referiré, “la leyenda es una narración maravillosa o fantástica, generalmente breve, de un suceso memorable, difundida de un modo tradicional y popular. La intervención de algún poder sobrenatural potencia lo maravilloso, y deja así una marca en la memoria popular, con un suceso no tan sólo sorprendente, sino ejemplar y admirable.
”La Edad Media ha producido las mejores leyendas, las más trágicas y las más influyentes luego en la literatura. En las leyendas de tono religioso, es decir, con algún milagro oportuno y sorprendente, cabe pensar en cómo ha influido también el afán de propaganda de uso clerical, aprovechando el efecto del halo popular del milagro. Otras veces resuena una nota patriótica, que seguramente enarbolaba en la gesta local un buen motivo de orgullo. En muchos casos el suceso prodigioso es susceptible de una lectura y de aprovechamiento moral, como aviso o escarmiento, y se ofrece como una manifestación de la atención extraordinaria de la providencia.
”El estudio de lo legendario se desarrolla en España a partir de la época romántica. Es entonces, desde mediados del siglo pasado, cuando aparecen las primeras colecciones recogidas por eruditos y folkloristas, a la vez que algunos escritores, como G. A. Bécquer y el Duque de Rivas, se interesan por esos temas de vivo color local y dan nuevas formas literarias a leyendas locales. El gusto romántico por lo popular, lo pintoresco, lo mágico y lo fantástico impulsa a una revalorización de ese conjunto de relatos tradicionales difundidos en toda nuestra geografía”.
En la antología de relatos de esta naturaleza, seleccionados y ordenados por regiones hispánicas, en los años 1953-1954, por Vicente GARCÍA DE DIEGO (1878-1978), y recogidas en su libro LEYENDAS DE ESPAÑA, Círculo de Lectores, 1999, entre las 671 narraciones que comprende la colección, una sola leyenda aparece de la provincia de León (pp. 310-311), titulada: LA ABADÍA DESAPARECIDA, de tono religioso, que trata del origen del lago de Carucedo.
Aunque la leyenda precitada no es de Gordón, pero sí de nuestra tierra leonesa, al estar en tan prestigiada colección y ser la única de León que aparece en la misma, la pongo en este epígrafe, para conocerla, al tiempo que nos permite dejar el dato bibliográfico de tal libro, imprescindible para una visión general de las leyendas españolas, para quien quiera profundizar en el tema. El texto de la aludida leyenda leonesa, dice así:
LA ABADÍA DESAPARECIDA
Cerca del lugar donde hoy se halla el famoso lago de Carucedo se elevaba, allá por el siglo XV, una magnífica y sólida abadía, de la que hoy sólo se conserva el recuerdo de esta leyenda. Los santos religiosos que en ella moraban tenían recogido bajo su mismo techo un pobre huérfano abandonado, el cual fue creciendo en aquel ambiente de paz y beatitud, sin dar nunca la menor señal de vocación religiosa. Tanto era así, que siendo casi un niño empezó a demostrar una especial predilección por una muchacha que vivía próxima a aquel lugar y que, se sentía dispuesta a iniciar con él sus primeros coqueteos amorosos.
Pasaron unos años, que fueron suficientes para que los dos jóvenes se reconocieran en firme enamorados. Pero he aquí que cuando todo les prometía felicidad, el conde de Cornotel, señor feudal de aquellos contornos, quiso hacer suya la frágil belleza de la muchacha, a la que hacía tiempo admiraba por su rara hermosura. Primero con buenas palabras, que cayeron en el vacío del corazón enamorado de la doncella, y luego por la violencia, intentó hacerla suya. Pero todo fue inútil en un principio.
Encolerizado el muchacho de la abadía ante la despreciable conducta del conde, y sospechando que acabaría robando la honra de su amada, planeó el asesinato del caballero, como noble y obligada defensa de su amor.
A los pocos días, el conde de Cornotel caía muerto alevosamente por un desconocido agresor, y el muchacho huía de la abadía, sin que se volviese a saber de su paradero.
Pasaron unos años, que fueron de dura lucha para los dos alejados amantes. Nada volvieron a saber el uno del otro; y ambos, hundidos en el desengaño y en la desilusión, cerraron su alma a la esperanza. Mas un día, cuando todo parecía olvidado, el muchacho volvió a la abadía. Buscó a su amada, y nadie le supo dar razón. Desalentado, decidió profesar como religioso en aquel monasterio, y gracias a sus muchos méritos llegó a ser prior en el espacio de unos pocos años.
Transcurría allí su vida plácidamente entregado a la piedad y consolando en el seno de la religión todas las amarguras de su vida, cuando una noche en que se encontraba rezando sus últimas oraciones, vinieron a perturbar la paz del convento unos labradores, atemorizados por una aparición que rondaba por aquellos lugares. Rogaron al prior que fuera a conjurarla para librarlos de su presencia, y el buen padre, siempre bondadoso, se dispuso a satisfacerlos. Salió, pues, fuera de la abadía y se encontró, en efecto, a pocos pasos la figura de una mujer a la que tomaban por una bruja. El prior acercóse a ella y pudo reconocer a su antigua amada vestida de penitente. Aquel amor contenido y torturante de su pasada juventud resurgió entonces en el corazón del abad con más pasión que nunca. Ella, a su vez, vio en aquel cariño el único posible, consuelo de su vida, y ambos, sedientos de amor, sintieron a un tiempo el deseo de consolarse, de abrazarse con aquel viejo cariño y de entregarse con pasión al fuego de aquel mal dormido amor. Iban ya a lanzarse uno en brazos del otro, olvidándose de los votos hechos al Señor, cuando de lo alto de la montaña brotó, como por milagro, una violenta catarata, que sepultó a los amantes bajo sus aguas. La abadía quedó asimismo inundada, y el agua, creciendo más y más en altura, desalojó de allí todo rastro de vida y dio origen al lago de Carucedo, cuya leyenda todo leonés conoce.
FIN |
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