Villarín
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Publicado: Dom Jul 26, 2009 2:35 pm T�tulo del mensaje: Pequeñas bibliotecas |
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Pequeñas bibliotecas
La cultura de las gentes de Gordón no queda encerrada solamente en los refranes. Sabemos que en el siglo XVIII el analfabetismo era ya excepción, pues en contados casos dicen los documentos “por no saber escribir”. Los datos que proporciona el archivo de Huergas revelan que en el siglo XVII los vecinos de la montaña, que gestionaban ante la Cancillería de Valladolid la adquisición del título de Villa “por sí” para los lugares de Huergas y el Millar, ya sabían escribir; que los vecinos relacionados en las distintas visitas de residencia también sabían escribir en su mayor parte. Y por Jovellanos en sus Diarios tenemos noticia de las pequeñas bibliotecas que se puede presumir existían en los domicilios particulares de Gordón, a juzgar por la que halló él en la casa de Juan González Castañón, cuando en 30 de junio de 1796 hubo de pernoctar en Pola de Gordón, no en posada, sino en casa particular. Se componía la biblioteca, según el ilustre prócer, de:
“Un misal, falto y viejo; la segunda parte del Flos Sanctorum, de Villegas; idem un tomo de la Filosofía de Goudin; La familia regulada; una Vida de la Virgen, falto y viejo; Prontuario de materias morales de Fr. Simón Salazar; idem Estado de cielos y tierra, plantas y aves y animales; después del juicio final, capítulo V; idem Gritos del Purgatorio; Lunario perpetuo; un libro de reducción de monedas; un devocionario.”
Que el vecino Juan González Castañón no era ni el párroco ni el escribano se deduce, lo primero, por el silencio del autor, y lo segundo, porque el escribano en aquellos días lo era D. Pascual Aguirre de Castro, como consta por la ejecutoria y Real provisión de S. M. Don Carlos IV, otorgada a favor de Bernardo Suárez Zapata, reconociéndole el estado Noble de Hijosdalgo, documento que obra en el archivo de la Villa de Huergas, a que ya se hizo referencia anteriormente. De modo que el citado Juan González Castañón era un vecino particular cuya biblioteca, si no muy abundante, refleja, sin embargo, una cultura más que rudimentaria.
El Lunario a que se refiere Jovellanos, sustituido posteriormente por el calendario zaragozano, era libro nada raro; el autor de estas notas [Escobar García] lo halló en su infancia entre otros libros de la casa, como una Vida de Santa Bernadita de Soubirous, el Tribunal de la Sangre, de Ortega y Frías, un Manual del Sacristán, un Devocionario, y otros cuyos títulos ya no recuerda.
Fuente: ESCOBAR GARCÍA, Francisco, GORDÓN, Apuntes…, pp, 242-243. |
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