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MEMORIA DEL VI ENCUENTRO.- 21 de agosto de 2010

 
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Yosco



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MensajePublicado: Dom Ago 22, 2010 9:20 pm    Título del mensaje: MEMORIA DEL VI ENCUENTRO.- 21 de agosto de 2010 Responder citando

MEMORIA DEL VI ENCUENTRO.- 21 de agosto de 2010


Tras esta breve nota se inicia el recuerdo de cada uno de los momentos que nos deparó el VI Encuentro vivido en La Pola el pasado 21 de agosto. A ello, lo de recordar, comentar, subrayar, opinar y proponer, estamos todos invitados, al menos aquellos que seguimos los encuentros a través de este foro. Por mi parte, procuraré ir aportando todo aquello que desde mi particular experiencia del día me pareció más relevante, entrañable (que fue todo) y significativo.

Tras lo comentado, nada más que decir; aquí tenéis la puerta abierta a la Memoria del VI Encuentro. Que todos lo disfrutemos igual que disfrutamos el magnífico día -en todos los sentidos- que fue el 21 de este mes de agosto de 2010.

Salud.
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Yosco



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MensajePublicado: Dom Ago 22, 2010 9:56 pm    Título del mensaje: Cita en la biblioteca Antonio Gamoneda. Responder citando

Cita en la biblioteca Antonio Gamoneda.

La mañana del sábado, 21, se nos presentó vestida de todo lo más veraniego en su cielo, sol y temperatura agradable. Poco antes de las 11 de la mañana los alrededores de la biblioteca municipal Antonio Gamoneda comenzó a verse concurrida de jóvenes gordoneses de los 60. Siempre resulta ser una alegría renovada poder dar un abrazo a los amigos y amigas que fielmente, año tras año, acuden con la ilusión de pasar un día juntos y compartir las experiencias y novedades del año. Las sonrisas y los saludos se siguen; repasamos algunas ausencias por diferentes motivos familiares o de otros compromisos, así como recibimos a los llegados por primera vez a la cita veraniega, con la particular alegría de algunos que comparten su juventud de hoy con aquellos que nos acogemos a la juventud de los 60. Una experiencia estimulante para nosotros y, espero, que entretenida e interesante para ellos.

Como por razones de fuerza mayor, debido a las reformas que se están llevando a cabo en la biblioteca, la apertura del VI Encuentro hay que realizarla en las dependencias de los antiguos juzgados municipales, en la cuesta que arranca con el nombre del escritor Manuel García Brugos y acaba en su primer tramo en el caño y los bajos que fueron en tiempos la famosa cárcel, pues hacia allá emprendemos la marcha. La puntualidad es sorprendente, ya que desde la mitad de la cuesta podían verse las 11 en punto en el reloj de la torre. Así, poco a poco, vamos ocupando los asientos del local del antiguo juzgado. Mientras nos sentábamos y teníamos la oportunidad de disfrutar de la vista de La Pola desde el ventanal de esta sala que acoge una hermosa colección de acuarelas (razón por la cual habitualmente permanece en penumbra), pudimos escuchar -como no podía ser de otro modo- el himno, la canción Los jóvenes interpretada en esta ocasión por Los Mustang.

Tras estos momentos primeros, se da paso -formalmente- a la presentación y apertura del VI Encuentro.
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Ultima edición por Yosco el Jue Oct 11, 2012 2:21 pm; editado 2 veces
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Yosco



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MensajePublicado: Dom Ago 22, 2010 11:48 pm    Título del mensaje: Prolegómenos de una apertura. Responder citando

Prolegómenos de una apertura.

Como en todo evento que se precie ha de haber alguien que dé paso a cada uno de los protagonistas, pues esa gracia me ha cabido en suerte en el VI Encuentro y así, una vez escuchado nuestro himno de Los Jóvenes, reclamando la atención del respetable, pude decir:


Amigas y amigos:

Abrimos por sexta vez consecutiva este espacio de los encuentros. Seis veces gracias a cuantos anualmente acudís a esta cita; seis veces gracias a Juanjo que desde el Ayuntamiento nos abre las puertas de este salón de actos y las puertas del pueblo con su atención constante; seis veces gracias a cuantos pasaron alguna vez por estas reuniones y compartieron experiencias y a quienes ponen tanto cariño y desvelo para organizarlas: Alfredo, Toño Gásquez, Castillo, Toño González, José Ramón o Sole y Guillermo.

Hace unos días tuve ocasión de recorrer algunos pueblos del Concejo y disfrutar de la tarde veraniega y soleada de La Pola. Me gustó lo que ví, un pueblo limpio, mejorado en muhcos aspectos, alegre en el ambiente bullicioso de las piscinas, amable, cordial y acogedor en sus gentes. Sin considerar -personalmente- acertadas todas las actuaciones anteriores llevadas a cabo en La Pola, cabe reconocer aciertos magníficos como el que termina en la remodelación integral del Ayuntamiento que luego tendremos ocasión de visitar, así como entrever las posibilidades de recuperación de otros inmuebles y espacios urbanos que, sin duda, resultarán atractivos desafíos para las gentes de La Pola y su corporación municipal. Me gustó, digo, el paisaje y paisanaje de mi pueblo envuelto en los contrastes de una luz cálida en el aire fresco del final del día, y viendo a mi alrededor muchos jóvenes de hoy y otros muchos de ayer no pude dejar de pensar -y soñar- en lo que somos y lo que merecemos ser, en lo que fué y es pasado y lo que podemos hacer los jóvenes de ayer para ayudar a los de hoy en su lucha para mantener y desarrollar un futuro lleno de identidad, calidad de vida y felicidad.

No se nos ocultan las dificultades de la encrucijada en que nos hallamos. Un pasado reciente apoyado en la economía del monocultivo del carbón, fructífero en muchos aspectos y con resultados negativos en otros, sobre todo al sobrevenir la práctica desaparición de la tradicional actividad agraria y ganadera en manos de muchas familias laboriosas del concejo, sin dar paso a otras formas más industrializadas de las explotaciones. El desafío es, ahora, encontrar ese horizonte de desarrollo sostenible que recupere, en parte, la actividad agraria y ganadera y explore -por otro lado- los recursos medioambientales para su explotación a la par que se abre la vía a la llegada de un turismo alternativo al de los años 60, orientado al disfrute familiar y juvenil de las inmejorables posibilidades de la comarca. Creo que la solución del éxito o fracaso de esta empresa radica en acertar a impedir que nuestra comarca se convierta en tierra de paso de trenes veloces, autopistas de vehículos o de energía y venga a ser tierra de destino, de parada y estancia. Tal vez -cosa que a nuestras autoridades municipales no se les pasará por alto- tengamos la ocasión de impulsar este cambio en la declaración del territorio como Reserva de la Biosfera, llevando a cabo los trabajos, proyectos y compromisos que requieren dicha declaración.

De cuanto antencede tal vez considere oportuno hacer alguna consideración nuestro alcadle D. Francisco Castañón que en el día de hoy y a partir de las doce nos honrará y alegrará con su presencia; de igual modo, quizás quiera hacernos partícipes de sus proyectos e inquietudes el concejal de Cultura y amigo Juanjo García Zaldivar.

Pero antes, permitidme unas palabras para con uno de los jóvenes gordoneses que más admiración, respeto y cariño concita en tre nosotros. Antonio Trobajo, Toño, siempre generoso, ha aceptado ser este año quien abra le VI Encuentro. Un hombre que ha sabido estar siempre a las duras y a las maduras y que hoy nos llega con uno de esos dolores que inexorablemente, junto a la también mucha felicidad, nos trae la vida. Todavía resuenan en mi cabeza sus entrañables palabras llenas de hondo humanismo y ancladas en una fé sólida e inquebrantable despidiendo a su padre Miguel ante los fieles, parientes y amigos en León. Amigo Toño, admiro la enteranza de un discurso tan sencillo como bello y dirigido a lo esencial, que es el amor a la vida y las personas en el reconocimiento de lo efímero y rico de este tránsito del existir, al modo como lo escribió Jorge MAnrique en las coplas a la muerte de su padre y que, en su entrada número cinco, dice así:

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.


Tu presencia hoy aquí, más que nunca, subraya la admiración y reconocimiento de cuantos te conocemos.

No me queda, como discreto maestro de ceremonias, más que pedir disculpas por la extensión de esta intervención y trasladar el protagonismo a quienes corresponde, que son nuestros invitados hoy a esta mesa y a todos los Jóvenes Gordoneses venidos y por venir. Y sin más, paso gustoso el uso de la palabra a Antonio Trobajo.


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Ultima edición por Yosco el Vie Sep 03, 2010 8:52 pm; editado 1 vez
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Yosco



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MensajePublicado: Jue Sep 02, 2010 5:31 pm    Título del mensaje: Responder citando

LA EXCELENTE MEMORIA DE LOS AÑOS 50 Y MÁS...

Intervención en la apertura del VI Encuentro de Antonio Trobajo.

Con un excelente sentido del humor y una ironía muy cazurra, Toño da comienzo su intervención avisando del contenido de la presentación y de la intención al tratar algunas anécdotas en las que los protagonistas, ya desaparecidos o, tal vez, algunos presentes, viven y dan vida a las costumbres de La Pola, su manera de encarar aquel presente no exento de dificultades pero de una calidad humana capaz de enfrentar el futuro. El cómo llegó a traernos este texto que fue escrito para la ocasión de un pregón de fiestas hace algunos años, también forma parte de la circunstancia de haberse ofrecido en el caso de que tuviéramos alguna dificultad con el fichaje de algún otro contertulio. Y nos surgió la dificultad... así que, agarrándonos a la oferta, hemos podido contar con la suerte de vivir en primera persona la presentación que adquiere por momentos tono de relato, de fotografía en blanco y negro, de anecdotario y de esbozo costumbrista de nuestro pueblo.

El texto, en su integridad, lo incluiremos en cuanto contemos con él, puesto que no está pasado a un documento para ordenador. Mejor que comentarlo, creo que es preferible esperar a que cada cual pueda disfrutarlo tranquilamente leyéndolo; mientras tanto, sirvan para calmar la ansiedad de la espera las palabras dejadas por Estefanía Niño en su artículo del día en el diario La Crónica de León y que podemos leer también aquí.

Salud.



ENTRE LA MEMORIA Y EL OLVIDO
(Intervención en el VI Encuentro de Jóvenes Gordoneses)
-La Pola de Gordón, 21 de agosto de 2010-


A mi padre, Miguel Trobajo,
que amó la vida y la acarició con ternura
en su familia, en su trabajo y, durante muchos años,
en esta geografía física y humana de La Pola de Gordón.



Cuando se me comentó que aún no estaba cerrado el proyecto de actos del VI Encuentro de Jóvenes Gordoneses, porque faltaban personas que asumieran el compromiso de aportar alguna reflexión o sugerencia de actividad al mismo, indiqué que me ofrecía a presentar lo que había sido el Pregón de las fiestas del Verano que se me pidió allá por el año 1991, cuando la comarca vivía unas circunstancias muy tensas debido a la huelga que afectaba a la Vasco en aquellos meses. Tal vez por eso y tal vez por la insignificancia del pregonero, pocos polesos acogieron en aquel anochecer gélido de julio, con el cierzo soplando desde el Altico de Los Barrios, y menos todavía guardarán en su memoria lo que fue aquel Pregón.

Pasó el tiempo y, hará como mes y medio, se me indicó que efectivamente podrían servir aquellas líneas que había trazado entonces entre la memoria y el olvido. Poco podía esperar yo en aquel momento que las habría de pronunciar con el dolor al vivo de una pérdida tan importante para mí como es la de mi padre, fallecido en la madrugada del pasado día 12, exactamente hace ahora nueve días y cinco horas. Por eso quiero aprovechar la ocasión para dedicar estos recuerdos (llenos de ternura, porque “recordar” es hacer que vuelvan a pasar por el corazón) a mi padre y a cuantos en los años cuarenta y cincuenta contribuyeron a hacer posibles los felices años sesenta, la “década prodigiosa”, que hace dos años glosó Antonio Gásquez en este mismo foro, en los que explotamos a la vida la práctica totalidad de todos nosotros. Ellos, que salían de años terribles de inseguridad y necesidades, de asombros y temores, de afanes y esperanzas, son los pilares que hicieron factible que el edificio de La Pola que nos acogió a nosotros, se sostuviera firme y pudiera dar paso a otros tiempos que, sin duda, fueron mejores, aunque no los mejores de los posibles. En aquellos hombres y mujeres y por ellos se cumplirá el sabio adagio italiano, que cito a menudo a mis intervenciones: “Cuando un pequeño ser humano, en un pequeño rincón del mundo, realiza una obra buena, el mundo está cambiando”.

He titulado este discurso, revisado en mínima medida en su redacción de hace casi veinte años, “Entre la memoria y el olvido”. La razón está en que estos relatos recogen un conjunto de apuntes que afloran a medio camino entre la nitidez y la nebulosa, entre la seguridad y la ensoñación, entre la exactitud y la conjetura, entre el dato estrictamente histórico y la pincelada evocada por la imaginación desbocada de un niño. Lo que sí quiere ser, a partir de ahora mismo, es un himno íntimo y sincero al tiempo que pasó. Mis recuerdos infantiles -seguramente desfigurados por el caleidoscopio de la fantasía de niño, algo así como hizo Federico Fellini en su extraordinario filme “Amarcord”- van a ir desgranándose sin orden ni concierto, tal como brotan desordenadamente del baúl en el que todos guardamos entremezclados la memoria y el olvido.

Vaya desde ahora mi excusa por la referencia, acaso no siempre elogiosa, que voy a hacer a acontecimientos y personas -algunas de ellas desaparecidas ya de entre nosotros, otras viviendo lejos, y otras, tal vez, aquí presentes-. Que todos sepáis acoger estas alusiones como nacidas en un esfuerzo, entre la memoria y el olvido (como os he dicho), de quien contempló, vivió y amó aquellos tiempos de los primeros años de los cincuenta del siglo pasado con la ingenuidad y la perplejidad de un niño de ocho o diez años. Diga lo que diga a partir de ahora, os ruego lo acojáis como fruto de mi cariño y de mi agradecimiento por esta villa de La Pola de Gordón, que, a buen seguro, me ha configurado como persona más de lo que servidor mismo pueda pensar.

Aquellos paseos, siempre pausados y enigmáticos, de Don Eduardo Álvarez, camino arriba hacia Los Barrios, hasta aquellas cruces señaladas en la piedra, al lado de la ruta, en la base del Castillo. Su larga cabellera, su aire misterioso, la leyenda sobre su vida andariega... nos hacían a los niños de entonces decirnos muy al oído que, al parecer, había corrido el mundo entero, había llevado una vida bohemia -¡Dios mío! ¿qué sería eso de una “vida bohemia”?- y hasta había escrito un libro que, según se decía, se titulaba “Aventuras de Gameo por mar y tierra”.

Aquellos tirones de patillas con que Don Julio -y no había en Pola más Don Julio que aquel maestro de Valderas que murió prematuramente, años después, en Sabadell- nos regaló un lunes a varios de sus alumnos, ni más ni menos que por haber provocado que aquellos tinteros de porcelana que adornaban pupitres pesados como un dolor, no fueran contenedores de la tinta obligada, sino de un brebaje rebajado con el producto de las aguas menores que los encargados de barrer la escuela el sábado anterior habíamos tenido a bien verter en ellos. No será difícil hoy, a pasar de los años de distancia, adivinar a quién se debió la acuosa idea.

Aquellos primeros versos, compuesto por un nieto de Don Santiago, el practicante, que no tuvo pudor en meter a su propia padre en ellos y que, por gracia del recuerdo, aún se pueden proclamar hoy. Decían: “El ‘Chinito’ es más grande que el alférez, / que el que tiene el trigo de allá adelante, / que es el yerno del practicante”.

Aquella picadilla envidiosa, siempre viva y siempre embridada, entre quienes íbamos a la Escuela Nacional y quienes iban a la de Dña. Ramoncita, que más de una vez acabó a ‘morrillazos’ -nunca con nada lamentable- en el solar que había detrás del Ayuntamiento en construcción.

Aquella ‘resbaleta’, que cuidábamos de un año para otro, en la parte más ‘pindia’ del prado de Elisa, frente a la vieja Escuela de la Cuesta. Aquella arcilla, suficientemente regada, y no siempre con agua potable, que se convertía en pista de campeonato mundial de velocidad, para que Manolo, ‘el de la Estación’ -fallecido trágicamente en accidente laboral lejos de su casa, en plena juventud- se cubriera de gloria... y también del barro nauseabundo que hacía depósito en la base de la pista.

Aquellas salidas de Marcelino -uno de los personajes singulares de nuestra historia- en bicicleta por las calles de la villa, exentas de circulación -no había más coches que el taxi de Piñero y un casi invisible modelo de los años treinta de Samuel, el de la Viuda-, pero ante las que había que tocar a “rebato’, porque iba de lado a lado de la calle en un alarde increíble de dominio a lo Induráin. O la alarma en el pueblo por su desaparición un día cualquiera, hasta que, al atardecer, apareció por la curva de la Fábrica canturreando y tirando de un carretillo con el que había ido de madrugada a Llanos, a fin de traer arena de fregar para su santa madre, la Sra. Antonia.

Aquellas mujeres, que un buen día aparecieron por el pueblo, arrastradas por sus maridos que buscaban en las minas de Santa Lucía un futuro mejor, enlutadas de arriba abajo, casi ocultando su cara con el rebozo del pañuelo de la cabeza. Nuestra inocencia no sabía de geografía humana y, por eso, todas aquellas gentes, venidas de lejos (Andalucía, Galicia, Extremadura, Salamanca...) eran ‘los de Peñaparda’. Hasta algún desalmado, seguramente no de la caterva de rapaces, comenzó aplicarles el calificativo que no tenía nada de respetuoso de ‘gudivaris’.

Aquel bonete de Don Manuel, el anciano señor cura, que siempre se transfiguraba, durante los entierros, en cesta petitoria bajo aquella acacia que existía -¿y existe?- antes de llegar al cementerio, mientras los otros curas entonaban unas palinodias, que a nosotros, nada expertos en latines, nos sonaban a los ripios heredados quién sabe de quién: “Vayan tíos, / vengan tías, / que las perras / ya son mías”.

Aquella fórmula blasfema que todos habíamos aprendido por transmisión oral de los mayores de la Escuela y que recitábamos, a voz en grito y con la mayor naturalidad del mundo -nadie nos llamó jamás la atención ante tamaño dislate-, al término del rezo del Rosario, al que acudíamos en mayoría, aunque fuera desde San Marciel: “Santo Dios, / Santo fuerte, / Santo inmortal, / estira la pata / como un animal”. Que además contaba con una versión mucho menos ofensiva y más acorde con nuestras hazañas juveniles: “Santo Dios, / Santo fuerte, / Santo inmortal, / tiro una piedra / y mato un pardal”.

Aquel misterio que rodeaba al edificio que en la Plaza -entonces la Plaza era sólo la del Mercado- fue sustituido después por el Colegio Libre Adoptado, tras el cual hubo una pista de baile, que regentó Manolo, “el Sereno”, y que era vitanda para los enanos que éramos entonces. Sólo más tarde supe que en aquel caserón se almacenaban los materiales de “Regiones Devastadas” y sólo entonces comencé a entender la permanencia de los rescoldos de una guerra no lejana, de la que quedaban restos evidentes en muchos solares con casas a medio derruir y en las que aún se olía a la chamusca del incendio lamentable. Y lo que fue más dramático: llegar a intuir, más que a saber, que había heridas sin cicatrizar, y fusilados de una y otra parte, y gente en la cárcel o en el destierro, y que unos eran -o habían sido- “rojos” y otros “nacionales”.

Aquellas escapadas, casi siempre al caer de la tarde y a espaldas del permiso familiar -¡no faltaba más!- para sumergirnos en el silencio sobrecogedor de la escobas de la Cuesta de la Moita, o en el rumor de genios de las aguas en el riachuelo que se desprende Villarín abajo, o en las sombras alargadas, como de brujas con caperuza, de la Gretosa, donde se hacía de noche sin darse uno cuenta, o con la tremebunda sorpresa que uno se llevaba al oír silbar el viento, como de espíritus, en las copas de los pinos de Los Llanos.

Aquellos primeros intentos de llegar a Fontañán, donde contaban que aún era posible encontrar balas, no se sabía muy bien si del tiempo de los moros o de tragedias más próximas; o por el camino del Cueto, donde, según nos relataban los más espabilados, había una cueva en la que había vivido un ermitaño llamado Mateo, y donde todavía se podía, con un poco de suerte, llegar a verlo embutido en su hábito, al caer la noche, al fondo de la hendidura de la roca, y oírle cantar salmodias quejumbrosas.

Aquellos esfuerzos sobrehumanos por escalar primero la pared y jugársela a los perros después, en la huerta de los Abastas. El mejor trofeo de aquel tiempo era poder enseñar una pera arrebatada heroicamente de las mismas garras de las defensas más inexpugnables de todas las huertas del contorno.

Aquellos inocentes juegos de la guerra, entre las Salgueras, al lado del río, reptando como alimañas por los huecos estrechos que habíamos ido fabricando, simbólico colt al cinto y en búsqueda de escurridizos indios sioux, que siempre llevaban las de perder, porque aún no habían llegado al Oeste los viles vendedores de whisky y de rifles de repetición.

Aquellos partidos de fútbol, en Las Eras, sin árbitro para más suspense y repartidos por el juicio salomónico del “monte lo que monte y quepa lo que quepa”, temiendo que en cualquier momento apareciera por el Puente el hijo de quien presuntamente era el dueño y a quien, tras las maldiciones (“Que si os pillo, que si otra vez, que si aquí, que vais pero que de cabeza, pero que al río”), convencíamos fácilmente tras invitarle a emular a Ramallets, que era su ídolo, no bajo los palos, sino entre las dos piedras que servían de portería... y de motivo de discusión acalorada.

Aquel cine de Llamas, con sus películas viejísimas y censuradas, vistas desde el ‘gallinero’, que era talmente lo que su nombre indica, construido artesanalmente con madera en bruto y donde no había forma de conseguir el silencio que el séptimo arte postula. Más de uno de nosotros terminó malparado, bien por escurrirse entre aquellos tablones, bien por salir de la sala convenientemente dirigido por la oreja a manos del acomodador de turno.

Aquellos personajes que te infundían temor y ternura, que fueron Rego y el Tío Pipa. Acompañaban sus hatos de vacas, con olor a pobreza y rodeados de moscas perreras y de niños tan perreros como ellas. Adivinábamos a su derredor una aureola de secreto incomprensible: sin familia, mugrientos, silenciosos, ajenos a todo lo que pasaba en su entorno. Y sabíamos, sin que nadie nos lo hubiera dicho, que aquello debían ser el dolor y la tristeza y la soledad en forma humana.

Aquel primer cigarrillo del paquete de tabaco de “Bisonte”, que, a puro escote, habíamos comprado con el patrocinio de Nino, el hijo de la tómbola de tiro de Díaz -que regentó años después el Mesón “El Tizón” en pleno Barrio Húmedo-, que caía todos los años por las fiestas del Cristo, y del que sólo dimos una calada, porque el resto de la cajetilla, cuidadosamente ocultada en Las Salgueras, desapareció de su hura milagrosamente -según no hizo creer el citado Nino, que ya por entonces tenía muchas tablas-. O el espectáculo inaudito de aquel adulto, conocido de todos por dedicarse pasados unos años a la compraventa de relojes, que, cargado de vino, repetía una y otra vez, ante el templete de los músicos, donde teníamos butaca de patio la chavalería: “¡Que toquen La Cumparsita! ¡Que toquen La Cumparsita!”.

Aquellos toques lúgubres de la campana del reloj de la torre del Juzgado, que llenaban nuestras escasas noches de insomnio con recuerdos imaginados de la cárcel que estaba bajo ella y de donde, no hacía mucho, se había escapado un mozo de El Millar, al que la Guardia Civil había recluido allí no sabíamos si por matar a una persona o por robar una gallina o por tirar al suelo el palenque con el yugo y las flechas que había frente al chalet actual de la familia de Don Fabián, y al que uno veía aparecer en sueños a la puerta de la propia habitación, empuñando una sangrienta navaja.

Aquella monstruosidad que cometíamos, invierno tras invierno, sin conciencia del peligro en que poníamos nuestras vidas de pocos años, cuando, entre dos luces, acudíamos, como ladrones, por distintos caminos, a patinar sobre el hielo que se había formado en La Pilastra, metros más arriba de la Estación, o en la laguna que se formaba en El Soto, tras los llamados muelles de Lozano.

Aquella aventura, casi siempre a través de las Trincheras de arriba, antes de que en ellas se abriera aquella cantera de El Gallego, camino del río de Beberino, buscando chapuzarnos en el pozo “donde uno podía tirarse de cabeza”, encargándonos al regreso de untar bien nuestras piernas con saliva, para poder pasar la prueba a que nos podían someter, consistente en rascar la uña de un dedo de la mano sobre nuestra piel.

Aquel alarde de imaginación de Amadeo, “Amadito” el de Víctor el del Preventorio, uno de nosotros, que, sin saber por medio de qué artes, convenció a más de uno de que estaba criando, bajo el puente, en la parte del lado de la Estación, donde siempre permanecía una maloliente laguna, nada menos que a un caimán. Sin duda fue digno antecesor -el caimán, se entiende- de aquel misterioso ‘cuélebre’ que, años después, alguien creyó descubrir a la orilla del río, a la altura del Piélago, y que trajo en jaque a paisanos y uniformados durante una temporada.

Aquella tragedia, ocurrida un primer viernes de mes, acaso de mayo, que provocó la interrupción de la Misa de la mañana, en la que uno servía como monaguillo. En la memoria queda aquella carrera acompañando a Don Manuel, que portaba los últimos Sacramentos, hasta el lugar de los hechos, frente a lo que después fue el Bar Barrio: allí estaba el cuerpo muerto y sangrante de Chucho, el de La Robla, incrustado entre la caja de su propio camión y la ventana, abierta, de la casa en la que vivía la familia Lobera. Fue mi primer contacto con la muerte física y desde entonces supe que en cualquier momento y en cualquier lugar podía aparecer la terrible Parca con su guadaña.

Aquellas experiencias inolvidables en el barrio de la Plaza: aquel personaje original que fue el Tío Coque, siempre chispeante en su inacabable monólogo, tirando del pesado cuerpo de su mujer, la Señora Pura, cenando, en los poyos del corral, al amor de la fresca nocturna, su leche migada en una lata de sardinas, para evitar así tener que fregar los platos. Aquella sabiduría de Quico, el Sereno, después alguacil, quien, sentado en la trébede de su cocina haciendo tiempo para el obligado paseo nocturno por el pueblo armado del reglamentario chuzo, echando de poco en poco un trago al rico vino de tierra (sólo existían las variantes “de tierra” y “de Toro”), seguramente extraído de los pellejos de la cantina de Agapito, aguantó largo tiempo las diatribas de Basilia, su mujer, quien era capaz de mantener varias conversaciones a la vez. “Ay Basilia, Basilia, -terminó diciendo, harto de sermones-; unos se emborrachan con vino y otros... con palabras”. Aquel mediodía de un invierno duro en que, Plaza abajo, los ferroviarios traían en carretillo plano el cuerpo de aquel hombre, sólo y emigrado de la lejana Andalucía, que estaba de patrona en casa de la Señora Macaria, a quien conocíamos por el nombre de Jaén; su cuerpo, moribundo, con las piernas colgando por la parte delantera del carretillo, había pasado la heladora noche, al otro lado del río, entre un montón de nieve, en un desnivel que existía tras las paredillas que hubo frente a lo que más tarde sería la Discoteca. Hasta allí había llegado, seguramente cargado de orujo, desde el Bar del Tranviario, y de allí no pudo pasar. Los chavales rodeamos, entre sorpresa y risas inocentes, aquella macabra procesión que conducía miseria humana con olor a muerte.

Aquellos partidos de fútbol entre ferroviarios y empleados del Preventorio, aquellos con camiseta blanquinegra, éstos azul celeste, que siempre acababan con merienda y canciones en la Cantina de la Estación, donde la señora Benilde les servía unas buenas raciones de morro. O aquel ardor que ponía Genín, el de Lozano (Don Eugenio después), el mejor portero de la comarca, para detener como fuera cualquier balón; más de una vez la rapazada rodeamos asustados su cuerpo sacado del campo tras haber sido ‘embazado’ por los mozarrones de La Robla y hacíamos arder nuestras manos por mor de los aplausos cuando regresaba a su lugar, calaba su llamativa visera y realizaba algunas espectaculares flexiones indicando su perfecto estado de forma.

Podrían seguir los relatos, entre la memoria y el olvido, acaso sólo inteligibles para quienes vivieron más de lleno aquella época, pero no os canso más con esta retahíla de experiencias muy personales. Quedan más en el tintero, por si hay ocasión. Sea todo una levantada de sombrero simbólica a esta Villa, que nos acogió y nos configuró. La historia se escribe en los grandes acontecimientos, pero la vida se hace en el devenir de cada día, en las cosas pequeñas, que hoy me habéis permitido compartir con vosotros. Gracias por haberme invitado y por haber prestado atención a este “remake” de aquel Pregón de Fiestas de hace casi veinte años. A todos, muchas gracias. De verdad.


Antonio Trobajo Díaz
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Ultima edición por Yosco el Jue Sep 09, 2010 1:13 am; editado 2 veces
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Yosco



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MensajePublicado: Mar Sep 07, 2010 4:30 pm    Título del mensaje: Responder citando

LA INTERVENCIÓN DEL ALCALDE, D.FRANCISCO CASTAÑÓN, Y DEL CONCEJAL DE CULTURA, JUANJO G. ZALDÍVAR.

Tras el largo y caluroso aplauso a Toño Trobajo, llegó el turno de intervención del alcalde, D. F. Castañón, que llegó con la jovialidad que le caracteriza para reiterar su agradecimiento por mantener esta iniciativa de los Encuentros y subrayar la necesidad de mantener una presencia activa de las personas que llenamos la vida del concejo en los años 50, 60 y 70, teniendo que salir -la mayoría- a buscar trabajo en otros lugares. Después, tras dedicar unas palabras a Toño Trobajo y el contenido de su presentación, se centró en los aspectos que ya se reseñaron en los prolegómenos del Encuentro: el desafío del futuro tras la inevitable llegada del final de la actividad minera, con una mirada a los valores naturales y otras economías de desarrollo sostenido. No escondió la gravedad de la situación y la necesidad de ser decididos a la hora de plantearse la supervivencia y desarrollo, con iniciativas atrevidas. Pasó a presentarnos la revista Gordón y el libro recién editado sobre el Inventario del Patrimonio Cultural, Arquitectónico y Etnográfico del concejo. La idea es darnos a conocer y, a la vez, conocernos nosotros mismos y nuestras posibilidades.



Juanjo, por su parte, subrayó que estas actividades de publicaciones y difusión cultural ya es trabajar por el desarrollo sostenible y nos regaló a cada uno de los participantes en el VI Encuentro de los dos números editados de la revista Gordón, así como de un ejemplar del libro Concejo de Gordón: Patrimonio cultural, arquitectónico y etnográfico, del que también se da cuenta en el foro Rincón Literario Gordonés y que podéis leer allí la impresión que, personalmente, me ha merecido la publicación.

Tenemos que decir, una vez más, que tanto el alcalde como el concejal han sido muy amables y pacientes con todos nosotros y que, por nuestra parte, recogemos su propuesta de comunicar y ser críticos con nuestra corporación cuando las actuaciones las consideremos erróneas o manifiestamente mejorables. Pueden contar con que tanto lo que está como lo que pueda estar mal se lo expondremos con el mejor ánimo y disposición.
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Yosco



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MensajePublicado: Jue Sep 09, 2010 1:16 pm    Título del mensaje: Responder citando

ENTRE LA MEMORIA Y EL OLVIDO.
Antonio Trobajo.


Ayer noche tuve el placer de insertar las palabras que Toño nos dirigió para la apertura del VI Encuentro. Las coloqué en la entrada anterior LA EXCELENTE MEMORIA DE LOS 50 Y MÁS... y espero que podáis disfrutar cada una de sus palabras como lo hicimos en vivo y en directo el pasado 21 de agosto en la Casa de la Villa de La Pola de Gordón.

Salud.
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Yosco



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MensajePublicado: Dom Sep 12, 2010 11:09 pm    Título del mensaje: Responder citando

LIBRO Y REVISTAS PARA LOS JÓVENES GORDONESES DE LOS 60.
FIRMA EN EL LIBRO DE LOS ENCUENTROS.


Tras las palabras del alcalde, Juanjo G. Zaldívar nos invita a que nos hagamos con los dos números publicados de la revista municipal La Voz de Gordón de abril y julio de 2010. A su vez, el alcalde F. Castañón nos hace entrega del libro sobre el patrimonio cultural, arquitectónico y etnográfico: Concejo de Gordón, que recojo personalmente en nombre de todos Los Jóvenes Gordoneses de los 60.

Mientras recogemos las revistas aprovechamos para dejar nuestra firma en el Libro de Los Encuentros, como viene siendo habitual. Una jornada que empezó feliz en un día en el que el buen tiempo quiso acompañar nuestra alegría por el encuentro veraniego.

Entrega del libro:


Firmas en el Libro De Los Encuentros, saludos y recogida de revistas:




Unos momentos muy entrañables al que seguirán otros... no menos entrañables.
Salud.
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Villarín



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MensajePublicado: Vie Sep 17, 2010 5:33 pm    Título del mensaje: Responder citando

He disfrutado viendo la rica colección de fotos del 6º Encuentro; también leyendo con deleite lo escrito sobre el evento y las brillantes respectivas intervenciones; me alegró mucho saber que todo fue estupendo y lindo, en ambiente de sincera amistad y simpatía. Espero acompañaros el año que viene, en el 7º E.

Abrazos de,
Villarín
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Yosco



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MensajePublicado: Jue Sep 23, 2010 9:35 am    Título del mensaje: Responder citando

Villarín escribió:
He disfrutado viendo la rica colección de fotos del 6º Encuentro; también leyendo con deleite lo escrito sobre el evento y las brillantes respectivas intervenciones; me alegró mucho saber que todo fue estupendo y lindo, en ambiente de sincera amistad y simpatía. Espero acompañaros el año que viene, en el 7º E.

Abrazos de,
Villarín



Abrazos, Villarín. Cuídate y nos veremos en el VII Encuentro para el que ya hay que empezar a pensar tema y programa.
Salud.
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Yosco



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MensajePublicado: Vie Sep 24, 2010 11:22 am    Título del mensaje: En el Ayuntamiento. Responder citando

En el Ayuntamiento.

Carlos Luque, uno de los estupendos ponentes del pasado V Encuentro, nos habló y se dirigió a las autoridades presentes para subrayar las riquezas medioambientales del concejo y apuntar la necesidad de no olvidarlo para uso, recreo, disfrute y fuente de riqueza de las generaciones que nos han de seguir; como anécdota hizo hincapié en la abundancia y variedad de restos fósiles, en lugares como la Carba, de un tamaño considerable, y la curiosidad de que al ser utilizada esta piedra en la construcción, pueden apreciarse estos restos fósiles en algunas casas o elementos arquitectónicos como la escalera de acceso de la misma Casa de la Villa en donde estábamos. Así que a la salida nos fuimos deteniendo en cada escalón hasta dar con un par de ellos; el mayor, creo que era una ammonites, una especia de caracol enroscado, característico -según he comprobado- del periodo cretácico y abundante durante el mesozoico.

El sol acompañó toda la jornada, así que los sombreros de paja conmemorativos del VI Encuentro repartidos por Sole y Guillermo encontraron acomodo en las cabezas de los Jóvenes Gordoneses que, poco a poco y aprovechando el momento para intercambiar impresiones sobre la apertura del Encuentro, contar un poco lo ocurrido durante el año o preguntar e interesarse por las circunstancias familiares y personales de los amigos, nos fuimos dirigiendo cuesta abajo, la de nuestro poeta Manuel García Brugos, hacia el Ayuntamiento.


Sombreros de los Jóvenes Gordoneses del VI Encuentro.


Por la cuesta del caño; calle del poeta Manuel García Brugos.

A la llegada al Ayuntamiento el Concejal de Cultura, Juanjo García Zaldívar, haciendo de anfitrión, nos fue enseñando la distribución, aprovechamiento y uso de las nuevas dependencias municipales. Creo que la opinión fue unánime al considerar la obra bien acabada, aprovechando todos los inmuebles de la plaza para uso municipal, respetando la unidad y el estilo arquitectónico y dotando al Ayuntamiento de unas instalaciones modernas y funcionales. Juanjo tuvo que responder a muchas preguntas, escuchó pacientemente muchas observaciones y comentarios, dialogó con todos e hizo, en suma, que la visita fuera agradable además de provechosa. Disfrutamos saliendo a los balcones del Ayuntamiento, probando los sillones de la Sala de Plenos, ocupando los lugares de los concejales y alcalde, únicos muebles originales conservados del edificio reconstruido, comentando la combinación de colores o la amplitud de la sala y dando nuestra opinión sobre cada detalle. También nos informó sobre el funcionamiento del reloj de la torre, ahora muy preciso y controlado desde un país europeo (¿tal vez Suiza o Austria? No recuerdo), noticia que nos hizo sonréir y agradó a cuantos conocimos desde siempre el reloj tercamente parado, dando -eso sí- la hora exacta... pero solamente dos veces al día. En fin, momento distendido y alegre que aprovechamos para, a la entrada, hacer una fotografía de grupo, o de la mayoría del grupo, ya que algunos habían ido a casa por distintas razones o estaban muy animados tomando el primer vino de la mañana.

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¡Uhmmmmm....! No todos lo tienen tan claro... Esta nueva corporación... Los colores de la pared...
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Ultima edición por Yosco el Jue Oct 11, 2012 2:30 pm; editado 8 veces
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Yosco



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MensajePublicado: Mar Sep 28, 2010 9:46 am    Título del mensaje: Responder citando

DE VINOS, COMIDA, CANCIONES Y DESPEDIDA.

A partir de la visita al Ayuntamiento, comentando lo visto y otras circunstancias, encontrándonos con más gente a cada paso y alguno pidiéndonos un sombrero conmemorativo, los Jóvenes Gordoneses dedicaron un tiempo a aquella costumbre de siempre de tomar unos vinos después de la misa de doce de los domingos. En esta ronda hubo agradables sorpresas al encontrarnos con personas que se interesaron por el acontecimiento, algunas de las cuales yo -personalmente- hacía muchos años de las que no tenía noticia. Me alegró verlas tan jóvenes, tan interesadas y tan dispuestas a tomar parte de futuras citas veraniegas.

*
Ronda de vinos y encuentros.

La siguiente parada fue en el restaurante del camping de La Pola. Como el día acompañó en todo con su buena temperatura y el ambiente era tan relajado, la ronda de vinos se alargó más de lo previsto y con más de media hora de retraso sobre el horario previsto nos sentamos a la mesa. La morcilla escaseó este año y hubo que pedir algunas raciones más, que todo se puede perdonar, hasta que el vino sea malo, pero que falten morcillas...

Al comienzo de la comida Castillo nos sorprendió con una postal recreando el motivo del VI Encuentro en la que no faltó ningún detalle, incluída la mascota Espolín. Y tras los postres, con el café, recibimos del amigo joven gordonés de los 60, Rafael Rubiejo, unas cajas de puros enviados desde Canarias con la vitola de la imagen de nuestra mascota Espolín. Me pareció un gran detalle por parte de Rafa. Desde aquí, gracias por acordarte de nosotros y haber estado de esta manera en el VI Encuentro.

La sobremesa, larga, estuvo amenizada a la guitarra por Fali, Gásquez, Morales y Paco Mellada, de quien hay que conocer su faceta de músico y compositor de estupendas melodías de las que, espero, tengamos noticia en breve espacio. El ambiente, como siempre, animado; unos cantando, otros escuchando o charlando, y antes de que empezaran las despedidas por razón de hora y compromisos, intentamos otra foto de grupo. Algunos ya se habían ausentado, pero siempre nos queda la magia de Prejub para arreglar estas cosas...

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Sobremesa y canciones.

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Otras fotos de grupo.





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