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MEMORIA DEL IV ENCUENTRO - 23 DE AGOSTO DE 2008

 
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Seishin



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 219
Ubicación: Mieres

MensajePublicado: Mar Ago 26, 2008 11:07 pm    Título del mensaje: MEMORIA DEL IV ENCUENTRO - 23 DE AGOSTO DE 2008 Responder citando

1.- Previsión y realidad meteorológica.

El día 22, Yosco predecía para el 23, contradiciendo en parte las previsiones de nuestra mascota Espolín: "Hará un tiempo estupendo; el calor de la amistad y el compartir la experiencia de este día será lo que más brillará con luz propia. Pero el sol también asomará sus narices para acompañar, ya lo veréis.".

Y tenía razón. Agosto, el día 23, se vistió de gala para ofrecernos un día espléndido. Cielo de un azul intenso y límpido que, ya en las primeras horas de la mañana mostraba, a la vista de quienes nos acercábamos a Gordón desde la vecina Asturias, un Cueto refulgente bajo los rayos matutinos del sol. Llegada a La Pola, a la plaza, lugar de cita y reencuentro con los más madrugadores del Foro. Allí estaban Prejub, Legionense y Aljores, acompañados por Juanjo, preparados y dispuestos, con prácticamente todo a punto para llevar a buen término el evento que nos congregaba, un año más, en los términos siguientes:



Cercana la hora de inicio, los aledaños de la Bibilioteca municipal fueron poblándose de gente. Caras conocidas de anteriores encuentros, caras nuevas de quienes se incorporaban por primera vez, reconocimientos tras años sin contacto, saludos, abrazos, charla animada entre unos y otros, hasta el momento de acceder al salón de actos en el que, el pequeño grupo de organización y el que suscribe, como moderador, ultimábamos los detalles del guión y el protocolo. Aun tratándose de una reunión de amigos, era importante que las cosas marchasen bien porque, como afirma la sabiduría popular, "las cosas bien hechas, bien parecen".

2.- Prolegómenos.

En poco tiempo, una expectante audiencia que superaba el medio centenar fue acomodándose en la butacas del salón de actos. Los principales protagonistas, en la primera fila, dispuestos a subir al estrado en cuanto su intervención, según el guión establecido, correspondiese.

Quien suscribe, Seisin, dio comienzo al acto con estas palabras:

"Buenos días. Un inesperado cambio en la planificación de un viaje es el motivo de la ausencia de Julio entre nosotros. A petición de su hermano Toño, por parte de la organización, asumo con gusto el papel de moderador con la certeza de que será difícil desempeñarlo con la eficacia con que Julio lo ha hecho en los anteriores encuentros.



Iniciamos el acto, como ya es habitual, y a la espera de la incorporación de algún rezagado, con los acordes de nuestro himno oficial: “Los jóvenes”.
"

Y así, esta vez con la versión instrumental de The young ones, interpretada por el mítico grupo los Shadows, se inició el IV Encuentro.

Finalizada la melodía, continuó el moderador:

"Creo que no está de más, dentro del espíritu no ya de los jóvenes gordoneses, sino de cualquier persona, mostrar nuestra solidaridad con los familiares de las víctimas del accidente de Barajas, por lo que propongo que guardemos un minuto de silencio."



Toda la audiencia, puesta en pie, guardó un respetuoso silencio tras el cual, continuó ...

3.- Entrando en materia.

"Hace poco más de un año, concretamente 371 días, nos reuníamos en este mismo lugar con motivo del III Encuentro. Hoy que lo hacemos para celebrar el IV Encuentro de Jóvenes Gordoneses de los años 60, me considero obligado a manifestar que siento una doble satisfacción: por una parte, al comprobar cómo el número de participantes se incrementa cada año, lo cual constituye un estímulo cara a la programación del próximo Encuentro, y por otra, obviamente, el motivo o lema central que nos congrega en esta ocasión: el reconocimiento a la dedicación de D. Antonio Trobajo Díaz a los jóvenes gordoneses.

No vamos a resaltar aquí -tampoco a olvidar- la labor apostólica, pastoral, docente, literaria, periodística... (no sé si me dejo algo) desarrollada por Antonio Trobajo, sin duda reconocida y merecedora igualmente de homenaje. Nos interesa el Antonio cercano, el Toño con el que algunos de los presentes habéis compartido pupitre y juegos infantiles. El Toño con el que otros compartimos ensayos navideños y de obras teatrales, tertulias juveniles, excursiones, vinos... y un largo etcétera de momentos inolvidables. El Toño amigo que nos guiaba sin hacerse notar, sin tirar de nosotros, sino a nuestro lado. El Toño, en suma, joven gordonés de los años 60.

Pero no es la mía, sino las siguientes intervenciones, quienes se ocuparán de resaltar aspectos particulares de su relación con nuestro homenajeado por lo que, sin más, cedo la palabra a Antonio Gásquez, encargado de dirigirnos las palabras de bienvenida y apertura en este IV Encuentro de Jóvenes Gordoneses de los años 60.
"

4.- Palabras de Antonio Gásquez.



"Buenos días. Vamos a dar comienzo al acto de apertura de este encuentro pero antes, y aunque sea un tópico, quiero mostrar mi agradecimiento a los que pensaron en mí para este evento.

Tenéis que saber que me siento muy satisfecho de ser el que pronuncie las palabras inaugurales, sin embargo antes de continuar quiero hacer algunas reflexiones en torno a una serie de dudas que me surgieron cuando me propusieron abrir el encuentro.

La primera, y para mí la más importante, fue si debía o no debía aceptar esta encomienda pues me preocupaba, por una parte, no estar a la altura que las circunstancias requieren y, por otra, no estar al nivel retórico de los que me precedieron en años anteriores, que como la mayoría saben, cumplieron el compromiso con sobresaliente y dejaron el listón muy alto. Es evidente que resoví la duda en sentido positivo y aquí me tenéis.

Una vez aceptado el reto me planteé cómo enfocar el discurso. Dudé en si darle un toque de solemnidad, de seriedad o bien darle un aire más ameno, más distendido. Finalmente decidí salomónicamente "tirar por la calle de en medio", ni una cosa ni la otra, que salga como Dios quiera.

Recuerdo, también, que me pregunté si debía hacer referencia a las experiencias vividas en anteriores encuentros. Decidí que no por dos razones: una, para no restarle importancia a este y otra porque cada uno los vivió y sintió de distinta manera y, por lo tanto, resulta muy difícil la concreción. Así, por ejemplo, para mí, el primero fue el encuentro de las emociones, de los sentimientos y también de los desencuentros y las frustraciones; el segundo, el de recuerdo a mi hermano; el tercero, el de la implantación de "Espolín" y este cuarto, que será al que haga referencia, marcará, a mi juicio, un hito, un antes y un después, en la historia de los encuentros, y os puedo asegurar que no será por mi intervención, será por el reconocimiento a una persona por todos conocida, con una trayectoria ejemplar, que lo peor que se puede decir de él es que es amigo de todos. Me refiero a Antonio Trobajo, nuestro amigo Toño.

Otra duda que se me planteó fue como denominar este encuentro de jóvenes gordoneses, porque intuía, o más bien estaba seguro -y ahora lo puedo corroborar- que no solo asistiríamos jóvenes de los 60 sino también de los 50 y de los 70, así que me dije: como en el centro está la virtud y como lo que importa es sentirse joven a cualquier edad, seguiré manteniendo los años 60 como apelativo genérico de este cuarto encuentro anual de jóvenes gordoneses, como lo fue en anteriores ocasiones.

Y hablando de la década de los 60, solo por curiosidad, me puse a investigar y me sorprendí de lo mucho que desconocía de esos 10 años repletos de acontecimientos que configuraron un período de nuestra historia, en muchos aspectos, maravilloso y extraordinario. Conozco lo básico, lo que conoce todo el mundo, como por ejemplo, que la década de los 60 fue la del movimiento hippie, la del muro de Berlín, la de la crisis de los misiles, la del éxito de los Beatles, la de la muerte de Kennedy, la de la guerra de Vietnam, la del mayo francés, la de la invasión de Checoslovaquia, la de la conquista de la Luna, la de la Copa de Europa de fútbol frente a Rusia, etc., etc.

Pero desconocía, por ejemplo, y no quiero que se entienda como una consigna política, que concretamente en 1960 se produjeron dos acontecimientos que en la actualidad tienen gran trascendencia y, en consecuencia, influyen de manera directa en nuestra vida cotidiana. Uno es el nacimiento del actual Presidente del Gobierno, nuestro paisano de acogimiento, José Luis Rodríguez Zapatero y el otro la creación de la OPEP (La Organización de Países Exportadores de Petróleo) que, como buen cártel, han llenado sus arcas a costa de especular con los precios de los crudos y, por consiguiente, de los combustibles, como todos sabemos.

Sabía que en 1961 se produce la invasión de Bahía de Cochinos, con lo que se recrudece la guerra fría; que en el 62 sale a la luz el primer sencillo de los Beatles, Love Me Do, que marca una nueva tendencia musical; que en 1963 se produce un hecho fatídico que cambió la historia de los Estados Unidos de América y, posiblemente, la de medio mundo, como fue el asesinato del Presidente Kennedy.

Desconocía que en el año 64 se produjeron dos acontecimientos mucho más agradables como fue la puesta en escena de Mafalda, personaje entrañable del comic creado por Quino, que tan buenos ratos nos hizo pasar, y el nacimiento de Miguel Induráin que tantos éxitos ha dado al ciclismo español. También desconocía que en el año 65 concluyó el Concilio Vaticano Segundo, en el que, entre otras directrices y resoluciones, seguramente más importantes y trascendentes, se decidió que las misas, hasta entonces en latín, pasaran a ofrecerse en las lenguas vernáculas.

Pocos se acuerdan ya de que en el año 1966 se produjo un choque de aviones estadounidenses y como resultado caen 4 bombas atómicas en las cercanías de Palomares que, afortunadamente, no acarrean consecuencias o que al final de ese mismo año se celebra el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado, calificado por los críticos al régimen como un acto de reafirmación del Caudillo.

Tampoco recordaba que la ejecución del Che Guevara, símbolo revolucionario de alcance mundial, se produce en el año 67, año en que se publica Cien Años de Soledad, del Premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez.

El 68 fue un año prolífico en acontecimientos, algunos ya mencionados anteriormente y otros quizá olvidados, como el episodio de la Primavera de Praga, previo a la invasión de Checoslovaquia por la URSS o el asesinato de Robert Kennedy, candidato a la presidencia de los EE.UU. o el de Martin Luther King, activista del movimiento por los derechos civiles de los negros o el primer asesinato de la banda terrorista ETA. También se producen, no obstante, otros hechos más placenteros como el primer festival de la Isla de Wight o la grabación del Álbum Blanco de los Beatles o el festival de Aurovisión de Massiel.

En cuanto al último anño de la década, 1969, como recordaréis, un acontecimiento brilla con luz propia, aunque se produzca en la Luna, como es el paseo de Armstrong y Aldrin sobre la superficie de nuestro satélite. No quiero terminar esta recorrido sin resaltar que ese mismo año se graba el himno antibélico mundial "Dale una Oportunidad a la Paz" compuesto por John Lennon.

En resumen, la década de los 60 fue la década de las ideologías; la década de la rebelión de los jóvenes y de la emancipación de la mujer en el Primer Mundo; la de la lucha por los derechos de los negros en los Estados Unidos de América; la de la independencia de África; la de la guerrilla de liberación en América Latina; la del telón de acero en Europa del Este; la de la revolución cultural en la China de Mao; la de la Teología de la liberación; la de la píldora anticonceptiva; en fin, fue nuestra época, la de tantas y tantas personas que la comenzamos jugando al gua, a la garza, a la teja o a las tabas y la terminamos tocando la guitarra y bailando en los guateques.

Después de tener claro como denominar este cuarto encuentro y como enfocar el discurso, las últimas cuestiones que me planteé fueron, por este orden, si me convenía escribirlo o bien improvisarlo y, en cualquier caso, si debía ser breve o extenso. Decidí que lo tenía que escribir para no dejar nada en el tintero y además que fuera un discurso breve para no cansar al personal. Y esperando que se archive en el libro de los encuentros, para uso y disfrute de futuras generaciones, o para quien lo requiera, escribí lo siguiente:"

(Hasta aquí, el orador hace gala de una extraordinaria memoria, apenas echa un vistazo a sus folios. Pero en este instante hace una pausa, rebusca entre sus papeles mientras comenta a media voz: "Si lo encuentro". Hallado el escrito, lee textualmente lo siguiente:)

"Buenos días y bienvenidos al CUARTO ENCUENTRO DE JÓVENES GORDONESES DE LOS SESENTA, ENCUENTRO DE RECONOCIMIENTO A ANTONIO TROBALO DÍAZ. Doy especialmente la bienvenida a aquellos que acudís por primera vez. Espero que este sea para todos el punto de partida de una larga relación de encuentros anuales. A todos os deseo un feliz día. Muchas gracias por escucharme.
La Pola de Gordón, a 23 de agosto de 2008".

Una cerrada ovación certifica el acierto de las palabras de Gásquez. El moderador toma la palabra:

Gracias, Gásquez, por traer de nuevo hasta nosotros acontecimientos que jalonaron una década. El listón sigue estando alto.

Seguidamente será Mª Dolores Gutiérrez quien, como joven de finales de los sesenta, nos comente qué representaba Toño para la juventud de su edad.


5.- Palabras de Mª Dolores Gutiérrez.



--- Relato dedicado a Antonio Trobajo ---

En las postrimerías del invierno de 1953, allá por marzo, vine al mundo en el domicilio familiar, en la entonces calle de Fernando Merino 34, en La Pola de Gordón. Nací para alegría de mis padres y regocijo de mis hermanos, Mino y Fefi, que creían disponer de un juguete añadido a aquellos que los Reyes Magos de la época habían considerado oportuno concederles. Según lo contado, fui una niña gordita y feliz. De lo primero, deja constancia una de las fotografías colgadas en la página Comarca de Gordón a propósito de cierta procesión del Corpus Christi por las calles de La Pola, y lo segundo, lo atestigua el hecho de que con la inocencia de los 2 ó 3 años planteé a mi querido padre la siguiente cuestión: “Papá, ¿qué es aburrirse?” Yo, como es lógico, no recordaría haber realizado pregunta de tamaño calado, si no fuera porque esta anécdota, como otras similares, fue tantas veces repetida en las múltiples ocasiones que nuestra familia, desperdigada por el Bierzo y por Asturias, se reunía (y se reúne) para festejar fiestas religiosas, locales o, sencillamente, por el mero hecho de intercambiar opiniones y vivencias de cada cual.

Amparada por esta protección familiar, la vida de esta gordonesa que os habla se desarrolla en un ámbito muy reducido (el ser chica tenía entonces su influencia en ésta y otras cuestiones) que consistía en espacios de ocio próximos a la vivienda familiar (la acera de casa, la era detrás de casa, la plaza del Ayuntamiento y poco más); la asistencia a la escuela de Doña Ramoncita y, posteriormente, al Colegio; misa y alguna novena en la iglesia parroquial o en la capilla de la Casa Infantil; el suministro, los domingos, de regaliz y bolas de colores en el puesto del “Cacahuesero” y algún cuento en la tienda de Teodomiro; y, ocasionalmente, alguna película en el cine en sesión vespertina. Este era el contexto de la época, pero este no es el relato que nos trae hoy aquí.

El relato que hoy corresponde desgranar empezaría diez años antes, en 1943, cuando, en algún domicilio entre Peredilla y Puente de Alba, nació un niño delgado y vivaracho que prometía dar muchas alegrías y satisfacciones a sus padres. - - ("El relato es interrumpido por el aludido protagonista para aclarar que no había sido delgado, que, pesado en una romana, dio 5 kilos 200 gramos. Pero claro, este dato no podía conocerlo la oradora.") - -. Ese niño, hijo de ferroviarios, fue bautizado con el nombre de Antonio y desde los dos años de edad residiría en La Pola de Gordón. Seminarista desde muy jovencito, se dejaba ver por el pueblo (al decir de los que lo recuerdan) montado en una bicicleta que portaba una hélice o artilugio similar sobre el manillar, a modo de precoz tuneador del citado medio de transporte. Los que lo vieron dan fe de que así fueron las cosas.

En lo que a mí concierne, tengo conciencia plena de conocer a Toño a propósito de los ensayos de villancicos organizados por D. Indalecio, a la sazón cura párroco de La Pola de Gordón, en la casa parroquial. Se empeñaba D. Indalecio en que cantásemos villancicos a tres voces, contando con un coro de voluntarios empecinados a su vez en que aquella experiencia polifónica sonara a múltiples voces, es decir, cada uno la suya. Ya entonces comprobé que aquel seminarista, casi desconocido para mí, contaba con una extraordinaria voz que, junto con la de Soledad González, sobresalían con diferencia sobre casi todas las demás, al menos sobre las de algunos que, como en mi caso, aportábamos más entusiasmo que afinación.

En la primavera de 1966 se organizaron en La Pola una serie de actos para celebrar el “cantamisa” del nuevo sacerdote D. Antonio Trobajo, cuya ordenación tendría lugar en junio por el Obispo de León, Monseñor Luís Almarcha. Una vez más se organiza un coro múltiple para interpretar, bajo la entregada dirección de D. Tirso, una versión modificada de la célebre “Las mañanitas del rey David” adecuando la letra para la ocasión. La canción decía algo así:

“Estas son las mañanitas
que cantaba el rey David.
Hoy por ser tu cantamisa
te las cantamos a ti.

Despierta, Antonio, despierta
mira que ya amaneció
y en La Pola y Peredilla
la luna ya se ocultó”

Tengo que reconocer que de todo el acontecimiento sólo recuerdo con claridad el aumento de las venas del cuello y el enrojecimiento de la cara de D. Tirso cuando correspondía entonar los versos que decían: “y en La Pola y Peredilla la luna ya se ocultó”, subiendo no sé cuantas octavas por encima de lo que, cualquier medida instantánea de la tensión arterial, podría aconsejar.

Ni que decir tiene que, en lo que sigue, Antonio se convierte en ese amigo de mi hermano Mino, y de los amigos de mi hermano (Eloy José, Julio, Toño Mayorga, Toñín, Miguel Ángel, Juaquinito, etc.) que, ocasionalmente, comparte con ellos el ritual de tomar los vinos después de la misa de 12 de los domingos. Sobre todo comparte los paseos, las charlas, las inquietudes, las canciones, guitarras, etc. Percibe Antonio la necesidad de aglutinar a aquellos jóvenes de los sesenta con algo más que buenas intenciones y, así, lidera un incipiente grupo de teatro que, aprovechando las instalaciones de la Casa Infantil Covadonga, ofreció algunas obras con mayor o menor éxito de público. Entre ellas destaco, en este momento, la titulada “Suspenso en amor” en la que tuve la oportunidad de conseguir un modesto papel, que suponía una intervención de 4 ó 5 frases. Quiso la fatalidad que, dos días antes del estreno, mi garganta se viese afectada por una terrible afonía y, a pesar de que -minutos antes del comienzo de la función- Candelas la de Eloy me preparó una buena dosis de miel con limón, hubo que tomar decisiones de urgencia y pasarle a Toñín González, participante también en la susodicha representación, 3 de mis escasas frases y, así, hube de permanecer en el escenario, en actitud decorativa, para llenar aquella “supuesta reunión del consejo escolar”. No fui reprendida por mi maltrecha actuación pero, como no podía ser de otra manera, tampoco fui llamada para ninguna representación posterior.

A propósito del comentario anterior me viene el recuerdo, con un deje de nostalgia, de aquellas agradables sobremesas que compartíamos, en casa de Eloy y Candelas, siempre amables y dispuestos a hacernos sitio en aquella mesa de la cocina, amplia por necesidad familiar, donde, entre cantarina y cantarina, Eloy intentaba “echarse una siesta” antes de incorporarse a la faena que, a buen seguro, le esperaba a continuación. Otras veces, aquellos amigos de Mino se reunían en la salita de nuestra casa para charlar, cantar y también ¡claro está! para probar aquellas deliciosas rosquillas que con muy buena mano mi madre solía elaborar. Nunca tuve claro si era casualidad o era el olor a rosquillas recién hechas, que trascendía hasta la acera de nuestra casa, pero el hecho es que allí aparecían, botella de anís en ristre, los amigos de Mino a pasar la tarde. “Josefa, estas rosquillas están buenísimas” le regalaba Toño los oídos; y, a posteriori, cualquier otro día “Josefa ¿cuándo hacemos otra vez rosquillas?” Mi madre, encantada de que estuvieran tan cerca, en actitud sana y “supuestamente controlada”, y sintiéndose útil, nos enviaba a mi hermana o a mí a comprar harina a la panadería, con un mandato que decía, más o menos, así: “Vete a “onde” tu tía Rosario (o Sra. Avelina) y trae 2 Kg de harina y ¡qué sea buena!”. Y, vuelta a hacer rosquillas. Recuerdo una tarde, en concreto, que la cosa se complicó y además de las mencionadas rosquillas nos hizo chocolate con churros, para que sirviera de merienda-cena. Ante este cambio de planes el cura del Preventorio, presente en aquella reunión, hubo de ausentarse unos minutos para, según comentó, “confieso a 2 ó 3 monjas y vuelvo rápido”, como así fue, porque de sobra es sabido que las monjas pecar, lo que se dice pecar, más bien poco.

Mi padre llevaba bastante bien aquel barullo en su propia casa. Bastaba con decir “también está Toño” para que el asunto alcanzase un inmerecido rango de seriedad. Claro que, por aquel entonces, mis padres no sabían que a su hijo Mino empezaban a gustarle, además de las rosquillas, otras variantes de la repostería del lugar, más en concreto, las “Magdalenas”. O quizás lo sabían, pues ya se había encargado su amigo Julio de darnos una pista a todos los feligreses presentes, cuando ambos rezaban, de forma alterna, las letanías de los oficios un sábado de Semana Santa y, de pronto, santos y santas vieron alterado el orden secular de sus nombres, y reiteradamente, a modo de disco rayado, Julio volvía una y otra vez a nombrar a San Juan, que antecede a Santa María Magdalena, con la finalidad de que Mino se viera obligado a repetir, otras tantas veces, ese nombre, ante el regocijo quienes estábamos en el asunto, la letárgica somnolencia del resto de feligreses, y la mirada entre incrédula y estupefacta de D. Indalecio ante el baile organizado en el escalafón del santoral. ¡Y pensar que ambos salieron ilesos de tamaña osadía!

Por alguna razón que intuyo, pero desconozco, esa especie de Pastoral Juvenil, liderada por Toño, necesitó recinto propio y a ello nos pusimos todos, colaborando, en la medida en que en nuestros domicilios se disponía de cierto mobiliario desechable o, al menos, prescindible, a amueblar aquella famosa casa de la plaza que, con la ironía propia de los nativos del lugar, pasó de llamarse “La casa de Toño” a “La casa del coño”, nombre impropio para un club juvenil, pero que procedía del hecho de que todos los viandantes al pasar exclamaban !coño, qué casa!

Tengo recuerdos contradictorios de aquella experiencia. Por un lado, recuerdo veladas muy agradables en aquel verano lleno de saludos (algunos ya estábamos estudiando por ahí fuera), con Julio a la guitarra -siempre adelantado a todos nosotros- cantando a Raimon, Serrat y Joan Baez; también recuerdo las revistas, aquellas revistas confeccionadas de forma casera, hoy día desaparecidas o, al menos, extraviadas. En el otro extremo del balancín estaba la competencia, siempre presente, de la discoteca. Yo fui de los penúltimos en abandonar el barco, así que no estuve presente cuando, un privilegiado y escaso puñado de amigos, que supieron valorar más y mejor aquel recinto, certificaron y celebraron su cierre definitivo.

Pero, sigamos con el relato.

Mis amores con el concejo de Gordón han sido siempre relativos y cambiantes, no obstante, he sido fiel a algunas tradiciones como, por ejemplo, cenar en casa de Jacoba en Geras, o en casa de María en Los Barrios, por citar sólo dos ejemplos de la riqueza gastronómica del lugar y, siempre que pude, procuré estar presente en las fiestas del Buen Suceso y, de vez en cuando, en las del Cristo de La Pola; pero donde, que yo recuerde, sólo fui una vez en mi vida, fue al pueblo de Paradilla, en una excursión organizada por Toño en aquellos años 60 que hoy nos ocupan. Ya no recuerdo el cansancio de aquella empinada cuesta, que diría Víctor Manuel, pero si recuerdo la aparente amabilidad con que nos recibieron los escasos vecinos del lugar -o tal parecía- hasta que llegamos a la conclusión de que lo que hacían era estar más pendientes de sus árboles frutales que de nuestra integridad física.

Y de nuevo las vacaciones de Navidad. Otra vez los villancicos, a veces tres misas en el domingo (dos en la parroquia y una en el preventorio) y más guitarras, y más panderetas.

Mayo del 68 me pilló con 15 años recién cumplidos, quizá por eso no soy consciente de aquella importante experiencia donde, por primera vez, los señoritos hacían la revolución, y me pasó totalmente desapercibida. No así a los que ya tenían unos años más. No sé si por estas u otras razones pero lo cierto es que Toño seguía pendiente de sus polluelos gordoneses en el inicio de la década de los 70. Fuera a través de la correspondencia, o en alguna que otra reunión en aquel viejo barrio de Pumarín en Oviedo, seguíamos en contacto. Pero algunos polluelos querían probar sus propias alas y empezar a volar solos. Lo cierto es que nos tocó vivir una época convulsa en lo político y en lo religioso. Eran los tiempos del famoso Juicio de Burgos, de la Plata-Junta, de los mítines, de las carreras delante de los grises, de la teología de la liberación, de las crisis de fe, de los curas que ya no eran curas. Un mundo cambiante y con una libertad estereotipada se abría ante nosotros. Y una nueva diáspora se superpone a la anterior. Ya no se trata solamente de que los jóvenes gordoneses de los 60 desarrollen sus vidas -profesionales y familiares- en lugares distintos y, en ocasiones, alejados de nuestro querido Gordón. Ahora piensan distinto, militan en o simpatizan con diferentes partidos políticos, refuerzan o aparcan la fe católica heredada de sus mayores y, no obstante, sienten ese nexo de unión por su tierra donde la presencia activa de Toño fue determinante.

En mi caso particular y, a buen seguro que en el de muchos más, Toño siempre estuvo dispuesto cuando lo necesité. Y así, aunque la relación ya no era tan fluida como en épocas pasadas, no dudó en aceptar el ofrecimiento para que oficiara en mi boda. ¡Eso sí! llegó tarde y, por ello, mi ceremonia de casamiento empezó con una frase única e inolvidable, en lugar del tan conocido “Nos hemos reunido aquí para celebrar ….”. En su lugar lo primero que dijo Toño fue “Sin que sirva de precedente, es la primera vez que los novios llegan a la iglesia antes que el cura”. Debo decir, en su descargo, que su intención era otra y, dado que la boda se celebraba un domingo, al finalizar la misa de 12, él atisbaba desde la ventana del domicilio de su hermana Lala para “ver pasar a la gente que salía de la misa mayor”. No contó con dos factores que, de forma sinérgica, contribuyeron a su retraso. Por un lado la extremada puntualidad de los novios y, por otra parte, la costumbre -extendida en pueblos y ciudades- de esperar a “ver llegar a la novia”. Salvado el incidente la ceremonia transcurrió con absoluta normalidad.

Estos hechos sucedían en 1978 y a partir de entonces, mi relación con Antonio Trobajo es ocasional: algún encuentro fortuito por las fiestas del Buen Suceso o por la Catedral de León, pero, una vez más, en episodios dolorosos de mi vida, y también en la de mis hermanos, contamos con su presencia.

Estoy segura que todos los que hoy escucháis este relato tendréis vuestros propios recuerdos para construir otros similares o, quizá, más enriquecedores. Éste es el mío y no he querido completarlo, salvo en lo estrictamente necesario, con los recuerdos de otros.

Confieso, Toño, que siempre que la ocasión lo hizo propicio presumí de contar con tu amistad y lo hice, y lo hago, porque creo que es para todos nosotros un privilegio seguir siendo tus amigos.

Muchas gracias.

La ovación se repite tras la intervención de Mª Dolores. El moderador toma de nuevo la palabra:

Gracias, Loly, por refrescar nuestra memoria con esas vivencias y anécdotas tan sentidas.

A continuación, Agustín Quiñones, cronista oficial del ayuntamiento, además de joven gordonés de los 60, nos comentará lo que representaba Toño, para los jóvenes de principios de la década.


6.- Palabras de Agustín Quiñones.



Muy buenos días a todos:

Se me ha encargado el deciros algo sobre D. Antonio Trobajo a quien merecidamente queréis hoy rendir un cariñoso homenaje.

Sería un despropósito por mi parte, y además no es mi intención, hacer una exhaustiva reseña de los méritos académicos y profesionales y de los importantes cargos, obras y trabajos, por lo demás de todos conocidos, de alguien a quien todos conocemos y, estoy seguro, que también queremos.

Pero a mí me parece más importante destacar sus valores humanos y, entre los muchos que tiene, su natural sencillez que, como solemos decir los de pueblo, ha hecho que nunca se le suban los cargos a la cabeza, y su profundo sentido de la amistad.

De esa amistad verdadera que no se marchita ni con el paso de los años ni con la distancia.

De ello puedo dar fe desde hace más de cincuenta años: los transcurridos desde que compartíamos los coscorrones de D. Manuel.

Juntos asistimos a muchos "ingredere in templum Dei" y también a muchos "in paradisum deducant te angeli". Es decir, dimos la bienvenida a quienes llegaban y despedimos a quienes paulatina pero inexorablemente nos iban dejando.

Años más tarde, junto con otros amigos comunes, sentí un inmenso gozo y también una gran emoción, por qué no decirlo, al asistir a su ordenación sacerdotal en León y a su primera misa en esta su parroquia.

Parafraseando al poeta, como ya hice en otra especial ocasión, hemos caminado desde entonces en la vida por caminos distintos. Pero caminos que nosotros mismos hemos hecho al andar y ahora, que inexorablemente nos va tocando ya volver la vista atrás, vemos las sendas que cada uno trazamos y que nunca volveremos a pisar. Don Antonio puede y debe estar orgulloso de la que él hasta ahora ha trazado y esperamos y deseamos siga prolongando mucho más.

Me he permitido recordar aquellos tiempos de una feliz infancia y una no menos feliz juventud porque, aunque no volvamos a pisar las sendas ya marcadas por el camino recorrido, siempre permanecerán en nuestro recuerdo las vivencias que nos llevaron a trazarlas.

Decía antes que lo que más admiro en D. Antonio son sus valores humanos y es por eso que, dado el carácter de este entrañable homenaje y reconocimiento que los "jóvenes de los 60" le rinden, quiero incidir más en lo humano que en lo divino, sin desdeñar, claro está, lo segundo porque, qué duda cabe, ha ejercido gran influencia en lo primero a lo largo de toda su vida.

Entre esos valores destaca su sencillez.

Me admira que D. Antonio haya tratado y siga tratando a todos desde al altura de sus cargos como lo hacía en los ya lejanos tiempos cuando era aquel sencillo y humilde cura de Tejerina.

Una actitud que en los tiempos que corren no suele ser muy habitual.

Hacía también, al comienzo de mi intervención, alusión al profundo sentido que de la amistad tiene D. Antonio.

Personalmente, creo tener el privilegio de gozar de esa amistad.

Una amistad que permanece latente en las largas ausencias pero que revive en toda su plenitud en los, por desgracia para mí, pocos y breves encuentros.

Y ... no creo necesario alargarme más.

Solo que ahora, se acabó el hablar del Ilmo. Sr. Vicario y me dirijo a mi amigo:

Toño, voy a confesarte una cosa.

He intentado muchas veces verte como alguien muy importante que debería imponerme respeto por sus cargos.

Tienes que perdonarme pero no lo he conseguido nunca.

Te sigo viendo hoy como ayer:

Como un buen amigo y mejor persona que muy por encima de ese respeto, que también lo hay, me sigue transmitiendo el mismo afecto y cariño que siempre me transmitió.

Estos chavales (es un decir), saben lo que hacen.

Tienes merecido este homenaje que es más de lo que se puede entender por tal, yo creo que es una prueba indiscutible del gran afecto que te profesan. Ni que decir tiene que yo, con todos ellos, lo comparto.

Toño: Gracias por todo lo que hasta ahora nos has dado y por lo que espero que nos vas a seguir dando. Gracias.

La Pola de Gordón, 23 de agosto de 2008.

Una nueva ovación acoge las palabras de Agustín Quiñones. Y, nuevamente, el moderador toma la palabra:

Gracias, Agustín, por desvelarnos la relación con nuestro homenajeado durante los años escolares y poner de relieve los valores humanos de Toño.

Como señalé al principio, no contamos con la presencia física de Julio en este evento. Sin embargo, ha querido dejer constancia de su interés por el mismo, a través de un escrito que lee su hermana Soledad.


7.- Texto leído por Soledad González.



Amigas y amigos:

Los hados, o tal vez como reza nuestro refrán de que el hombre propone y Dios dispone, han querido que no pueda estar hoy presente entre vosotros, compartiendo esta jornada entrañable en la que tenemos el orgullo de hacer un espacio de reconocimiento a Antonio Trobajo Díaz, nuestro amigo Toño, por todo cuanto estoy seguro iréis desgranando en vuestras intervenciones que viene del corazón y se la memoria, la buena memoria y el mejor corazón que anida sentimientos agradecidos por tanto compartir, saber dar y siempre saber estar. Amigo y joven gordonés Antonio Trobajo, Toño, recibe mi abrazo y con él mi humilde reconocimiento que viene de lejos y que irá, estoy seguro, muy lejos en los años venideros que nos quedan por compartir.

Sed bienvenidos quienes por primera vez acudís a esta cita veraniega y recibid el abrazo renovado quienes volvéis a encontraros este año de nuevo. Todos, juntos, tendréis ocasión de pasar un día en el que la franca camaradería traerá recuerdos y anécdotas que harán feliz este IV Encuentro. Espero que vuestra generosidad permita que quienes no hemos podido estar presentes, podamos conocer y disfrutar de vuestra experiencia a través de vuestros testimonios en el Libro de Firmas o en las páginas del foro Comarca de Gordón.

Y no robo más tiempo del que os debéis en esta jornada memorable. Con mi reconocido agradecimiento.

Salud.

Julio.

Tras la correspondiente ovación, el moderador dice:

Otro de los ausentes, en este caso debido a un compromiso ineludible, es Florencio, quien, igualmente a través de un escrito, lamenta y justifica su ausencia. Lo lee Antonio González.


8.- Texto leído por Antonio González.



Queridos amigos:

Dos palabras, si me permitís. Esta vez, por compromiso vacacional impostergable, no podré acudir, como desearía, a esa reunión de amigos, unidos por lazos de sincero afecto, que, por cuarta vez, hasta la fecha, hoy os reunís en sede del espléndido escenario que es la villa de La Pola, confraternizando en torno a la rica amistad antigua que os envuelve, y a un programa de actuaciones en el que, entre más cosas, ocupa un lugar preferente el merecido reconocimiento y homenaje a nuestro paisano don Antonio Trobajo, distinguido gordonés de fecunda actividad, a quien, in absentia, y con mi admiración y afecto de siempre, quiero desearle lo mejor, con un fuerte abrazo, testimonio de la profunda estimación que tengo por su persona y su obra. ¡Feliz día, don Antonio!

Réstame añadir, que he pedido un favor a nuestra común amiga Soledad González, que amablemente me lo ha concedido y se lo agradezco, por virtud del cual, y en mi ausencia precitada, tendrá la bondad de poner a vuestra disposición, ejemplares de mi reciente libro recopilatorio de los poemas que, bajo el heterónimo de Villarín he venido ofreciendo en el Rincón Literario del Foro Comarca de Gordón, y ello, como regalo mío a todos vosotros, si me lo aceptáis, y con el deseo de que algún verso, acaso algún poema, os guste.

Muchas gracias y, desde la mayor simpatía, un afectuoso saludo a todos.

Florencio Gutérrez Peña.

Una nueva ovación acoge las palabras de Florencio, transmitidas a través de la voz de Toño González. Y una vez más, el moderador da continuidad al acto:

Gracias, Soledad y Toño. Vaya, para Julio y Florencio, nuestro deseo de una feliz estancia, tanto en las islas afortunadas como en Alemania, y una normal reintegración a las labores cotidianas tras estas, sin duda, merecidas vacaciones.

A continuación, toda una sorpresa: una muestra del bien hacer de Toño González a la hora de hacer acopio de material y de José Luis del Castillo a la hora de realizar el montaje de este vídeo:


9.- Vídeo dedicado a Antonio Trobajo.

Aunque exista un enlace propio, creo conveniente traer aquí en vídeo como inmejorable ilustración de esta parte del encuentro.


ver con alta calidad

¿Qué comentar al respecto? Acertada selección de imágenes, textos y fondos sonoros, buena sincronización y ajustado tempo. Sólo una pequeña pega: la ausencia de la firma del autor. Excelente aporte, prejub.

Como dije, toda una sorpresa, creo que también para el propio Toño.

A continuación, Juan José García Zaldívar, concejal Delegado de Cultura y Deportes del ayuntamiento, nos hablará de las realizaciones y proyectos de futuro relativos a nuestro municipio.


10.- Palabras de Juan José García Zaldívar.



(Pues nos faltan dichas palabras. En su lugar, disponemos del esquema sobre el que "edificó" su discurso. Así que, guiados éste, intentaremos transmitir lo dicho por aquél.)

Respecto a cultura, nos habló del proyecto de edición de libros y guías que den a conocer el patrimonio cultural del municipio.

Nos comentó asimismo que, para el curso que se inicia, los colegios de la zona dispondrán de secciones bilingües, un paso adelante en una educación de calidad.

También nos recordó la celebración del cincuentenario del colegio de las monjas de Santa Lucía, donde buena parte de las jóvenes gordonesas de los 60 cursaron estudios.

Nos habló de la remodelación del propio edificio que alberga la biblioteca municipal, en el que se precisa acometer reformas en iluminación y en el tejado.

Entre otros proyectos, nos comentó la intención de crear una zona wifi de acceso libre a internet en el entorno de la plaza, la construcción de un centro de salud y un centro de servicios sociales mejor dotados, así como de la creación de un museo de acuarelas.

En relación a los jóvenes gordoneses de los años 60, nos pidió que no perdiésemos la amabilidad, y subrayó la importancia de la celebración de este tipo de eventos y otros similares en el mantenimiento de la hermandad entre los gordoneses.

De Antonio Trobajo, Toño, destacó sus virtudes humanas, sencillez y camaradería. Manifestó que era un buen sacerdote y que, en su opinión, la Iglesia se estaba perdiendo un buen obispo.


Ovación y momento de obsequios. Juanjo nos entregó un ejemplar del recién editado libro "Gordoneses". A Toño le hizo entrega de un cuadro con el escudo de Gordón. Por parte de los jóvenes, Soledad le hizo entrega, asimismo, de un recuerdo en forma de reloj de sobremesa.



Y, una vez más, el moderador intervino:

Gracias, Juanjo, por informarnos de primera mano sobre cuestiones que, para quienes residimos en lugares alejados del municipio, resultan novedosas y de indudable interés por su trascendencia.


Por último, toma la palabra nuestro homenajeado, Antonio Trobajo, Toño.

11.- SÍNTESIS DE LA INTERVENCIÓN DE ANTONIO TROBAJO AL FINAL DEL IV ENCUENTRO DE JÓVENES GORDONESES (23-VIII-2008)



- Bien saben los organizadores que mi primera actitud, al conocer el intento, fue la de rechazo. Me parecía que era desvirtuar el sentido de los Encuentros, que ya tenían suficiente entidad e identidad por sí mismos como para no necesitar añadiduras. Son un día de encuentro, de renovar amistades y de revivir recuerdos. Y basta. Todavía esta misma mañana, al celebrar la Misa, en la que estuvisteis presentes todos, me asaltaron las últimas dudas al encontrarme con el texto evangélico en que Jesucristo nos aconseja a sus discípulos que no llamemos a nadie ni padre, ni jefe, ni maestro. Pero... aquí estoy, aceptando este “reconocimiento” (“volver a conocernos”), que no homenaje. Esta aceptación la asumo teniendo en cuenta aquello que dejó escrito San Francisco de Sales, un encantador personaje de la religión y de la cultura de los siglos XVI y XVII: “No buscar nada; no rechazar nada”.

- Por otra parte, entiendo que este reconocimiento, más que a una persona, es a un estilo (y no me atrevo a decir talante, por lo que podéis imaginar). Al fin y al cabo, creo que no hice en aquellos años más que lo que creí debía hacer, inducido, es verdad, por unos principios o convencimientos, que forman parte de mis criterios y de mi condición de sacerdote. Principios de solidaridad con todo lo humano; de libertad y de responsabilidad; de no discriminación por ningún capítulo (en tiempos en que abundaban las acepciones o rechazos de personas por múltiples motivos); y de ganas de vivir, es decir, de aferrarse a la vida con entusiasmo y esperanza. Todo ello vivido en unos tiempos fascinantes, que han sido magníficamente descritos por Antonio Gásquez y que por algo se han llamado “década prodigiosa”.

- Siento:

* Haber cortado la intensidad de los contactos a partir de 1973, por razón del traslado de mis padres a la capital, y más aún desde 1985 en que responsabilidades fuertes me obligaron a estar en otros menesteres.
* No haber echado una mano a alguien que, en un momento determinado, me lo pidió, en nombre de lo que yo entendía entonces debía de ser “políticamente correcto”. Nunca me arrepentiré suficientemente de este pecado. Que lo fue y tiene nombres y apellidos y, por supuesto, no he olvidado, como una vergüenza personal que me acompañará siempre.
* No haber estado más cerca de todos, especialmente en los momentos de dolor, en concreto con ocasión de la pérdida de vuestros seres queridos.
* No haber acertado a transmitir suficientemente y de forma eficaz una forma de ver la vida y de darle sentido, uniendo lo viejo y lo nuevo.

- Y como uno es como las zorras, que pueden perder el rabo pero no las mañas, permitidme que termine con unos consejos, a los que somos muy dados los “curas”. Os pido:

* Que mantengáis y transmitáis las raíces, rompiendo las esclavitudes de la moda, de lo placentero, de lo insolidario, de lo miope. Ser como un árbol añoso, que hunde sus raíces muy profundas en el pasado, pero que se eleva y emite su sombra y su vitalidad sobre mucha superficie de alrededor.
* Que cultivéis la amistad, más allá de los límites que pueden marcar el origen, el empadronamiento, la formación, la ideología o las creencias.
* Que, sin dejar de ser “jóvenes gordoneses de los 60”, os sintáis y seáis -como alguien ya he pedido en el encuentro de hoy- “ciudadanos del mundo” y contribuyáis, desde esa condición, a hacer un mundo mejor y más feliz.

- No me queda más que dar las gracias a todos los que habéis colaborado en este reconocimiento absolutamente inmerecido. Gracias de corazón. (Y enumeré uno por uno a todos los que habían intervenido en el encuentro, con la excepción, por un lapsus de memoria, de la referencia al Concejal de Cultura, Juan José García Zaldívar. Ese vacío lo subsané inmediatamente después de terminado el acto, pidiéndole personalmente disculpas al interesado).


Una cerrada y prolongada ovación subraya las anteriores palabras. El moderador cierra esta parte del evento:

Gracias, Toño, por tus palabras; por hacer realidad, con tu presencia, este reconocimiento y, cómo no, por tu amistad.

Sólo me resta agradecer la presencia de cuantos habéis considerado oportuno asistir a esta parte del IV Encuentro, el desinteresado trabajo de los organizadores del mismo, y el soporte que en internet nos brinda Alfredo a través de la web y el foro de la comarca de Gordón.

Ahora se procederá a firmar en el libro de firmas de los encuentros y al reparto de recuerdos.

Muchas gracias.


12.- Continuación de una jornada memorable.

Tras breve paréntesis me dispongo a concluir la Memoria del IV Encuentro. Dudé en cómo titular este apartado: si con el título que antecede o con un quijotesco "Donde se narran los singulares «fechos» que tuvieron lugar tras el acto cultural, tales como el acto de signar en el Libro de firmas, el sentimental reparto de recuerdos, el bullicioso aperitivo, el subsiguiente «yantar a chirla come», así como otros momentos simpar que en esta jornada acontecieron". Sujeté mi cervantino atrevimiento y opté por el camino más corto pues, si bien la extensión del otro sintetizaba mejor el contenido, existía el riesgo de que, carente de ideas el narrador, el continente superase al contenido. Así que, obviada la dificultad inicial, procedo a narrar, tal como los recuerdo y entremezclados con impresiones personales, los hechos.



Finalizada la parte más seria del acto, los saludos de y entre quienes se habían incorporado al evento una vez iniciado, se mezclaron con la firma, acompañada en algunos casos con frases que reflejan el espíritu y sentimiento del momento, de quienes quisieron dejar constancia de su presencia, y con la recogida de los recuerdos -pañuelo, libro, CD- de este IV Encuentro.

Lentamente, los participantes fueron abandonando el salón de actos para congregarse de nuevo en torno a las mesas instaladas a tal efecto en la plaza. Mesas surtidas con las ya tradicionales empanadas que, acompadas de vino, sidra y cerveza, contribuyeron a preparar los estómagos para el próximo yantar a la vez que a aumentar el bullicio y la jovialidad de los concurrentes, despertando la curiosidad y el interés de ocasionales paseantes y asiduos clientes de la hora del vermut que ocupaban las mesas de la terraza del bar La Plaza, ante tan inusitada reunión. Pudo la curiosidad con algunos, que se acercaron hasta nosotros interesándose por el motivo de la misma, a quienes, a la vez que se satisfacía su curiosidad se invitaba a participar del aperitivo.



Momentos para departir con los amigos, interesarse por su vida y andanzas, recordar anécdotas de los años de juventud, ... Momentos para inmortalizar a través de la cámara fotográfica de Alfredo, siempre dispuesto a registrar para la posteridad estos momentos para el recuerdo.

Así, hasta la hora de desplazarse hacia el restaurante del camping donde, sin apenas pausa desde la llegada, pasamos al comedor dispuestos a hacer los honores al menú elegido con acierto para certificar el encuentro. Como viene siendo tradicional desde el primer encuentro, la reina de la comida es, sin duda, y me atrevo a traer unos versos del poeta Baltasar del Alcázar (por no copiar los de Yosco)

"La morcilla, gran señora
digna de veneración.
¡Qué oronda viene y qué bella!
!Qué través y enjundia tiene¡
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.
"



Que fue exactamente lo que ocurrió. La morcilla pasó del plato a nuestros estómagos e idéntico camino siguieron el resto de viandas, pues, a mi modesto entender, "lo que el menú ha unido, que no lo separe el comensal". Y, para redondear el placer del momento, la conversación amena y distendida con los vecinos de mesa, en mi caso, Fefi, Loly, Cande, Fini, Blanca, Piedad, Mª José, Nardo y González. ¿Qué más se puede pedir?



Pues eso, la música y canciones de la sobremesa que tampoco faltaron. Las guitarras de Gásquez y Fali acompañaron a sus voces, a las de Toño y Sole, y a las de cuantos, con mayor o menor afinación, pero con la mejor de las intenciones pusieron todo su entusiasmo en prolongar la reunión, amenizándola con un repertorio de lo más variado. Para culminar de nuevo con



La foto del grupo, que supone la rúbrica o broche de oro a este IV Encuentro de jóvenes gordoneses de los años sesenta.

Con el declinar de la tarde se acercó el momento de las despedidas. Sentí personalmente y creí percibir en otros una cierta resistencia subconsciente al momento de separarnos. Aún en la seguridad del encuentro del año próximo, del mayor o menor contacto a través del teléfono, el foro, el messenger u otros medios, cuesta alejarse de los amigos. Por ello, nunca hay un adiós; se recurre a un "hasta la próxima" en la seguridad de que habrá un reencuentro.



Mientras hacía el camino de regreso a Asturias, acariciado por los últimos rayos del sol, me reafirmaba en mi convencimiento: al igual que en los años anteriores en que asistí, mereció la pena.

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